domingo, 8 de agosto de 2010

Cambiar de vida

¿Te imaginas convertirte en un barquero de Venecia? ¿una actriz famosa en Los Ángeles? ¿un soldado de operaciones especiales? ¿una misionera en África? ¿un pescador japonés? ¿una deportista de élite? ¿un millonario inglés? ¿ser dependienta de una tienda de souvenirs a pie de playa en Brasil? ¿fundar una empresa como Google? ¿o aprobar unas oposiciones y mandar a tomar por culo a tu jefe?

Seguramente hayas soñado con algo así alguna vez, en cambiar tu vida completamente o en parte. Quizás porque no te guste nada o algo, porque necesites un cambio o tomarte un descanso... De hecho resulta positivo evadirse mentalmente, detectar puntos negativos de nuestra vida y tomar cartas en el asunto para corregirlos o mejorarlos pero, ¿hasta tal punto de cambiar de profesión, de ciudad o país, de amigos o de pareja?

Hace algunos años, una conocida menor de edad me comentó que quería marcharse a Estados Unidos a probar suerte como actriz, dispuesta a trabajar humildemente donde fuera hasta que sonara la flauta. A su edad y por aquel entonces, la aconsejé pensar muy bien en cambios tan grandes sin preparación, en su futuro y por último, en su familia. Tras unos años, si ella lo siguiera deseando y me lo volviera a plantear ahora: yo mismo la llevaría al aeropuerto, la daría un fuerte abrazo y la desearía suerte...

¿Por qué? Porque no sé si la saldrá bien, pero ha madurado su sueño, lo tiene claro y aún así lo sigue deseando, es su sueño, es su felicidad cumplirlo. Si la sale bien, pues de puta madre, alguna vez pensará "Menos mal que me decidí... ¡¡valió la pena!!". Y si la sale mal, cuando sea anciana no podrá lamentarse ni llorar con un "¿y si lo hubiera hecho? ¿y si me hubiera atrevido?" porque lo habrá intentado.

Y es que no sé si al morir me reencarnaré en un gato, estaré entre nubes con Jesús, reiré en el paraíso con 7 pilinguis o simplemente me comerán los gusanos en el cementerio de turno, pero sí tengo claro que mientras esté en pie, no hay que dejar de luchar para buscar la felicidad, que no es la meta, sino el camino a ella.

Persigue tus sueños y lucha duro por ellos, aunque haya que cambiar tu vida por completo.
Quien arriesga gana y si no apuestas, no podrás ganar.

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